Kiyú - Ordeig
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La Boya frente a El Grillo, de Carlos Reyes

Arte, memoria y bienvenida en el comienzo del bulevar Uruguay: Un mural circular con la vida del balneario

Quienes llegan a Kiyú por el acceso desde el kilómetro 61 de ruta 1, se encuentran de inmediato con dos obras del mismo autor: El Grillo, la impresionante escultura que da la bienvenida desde hace unos años, y junto a él, una boya colorida, recuperada y transformada en un mural circular que resume la vida del balneario. Ambas llevan la firma del artista plástico libertense Carlos Reyes, quien recientemente volvió a dejar su marca en este rincón que conoce desde niño.

La boya ya había sido intervenida por Reyes hace 22 años, pero esta vez fue completamente remodelada. Con una serie de ocho «ventanas» o escenas, pintadas en forma envolvente, el artista buscó capturar la esencia de Kiyú. “Traté de poner ahí escenas que uno encuentra en el balneario”, explica. Y así aparecen: guitarra, carpa, un brazo que ofrece un mate al visitante en gesto de cordialidad, pescadores artesanales, aves y peces del entorno, deportes como MTBKiyú, maratones, parapentes, tractores, y hasta la imagen de El Grillo mismo, convertido esta vez en pescador.

También está presente la actividad rural —“porque además de balneario, acá también se trabaja en el campo”— sumándose un gran sol y la vista típica del balneario, con gaviotas y la barranca. La boya, entonces, se convierte en un pequeño manifiesto visual de lo que es Kiyú: su paisaje, su gente y su espíritu.

Carlos Reyes y Kiyú

Reyes, artista formado en el taller de Víctor Banchero, tiene una larga trayectoria con exposiciones dentro y fuera del departamento. Su vínculo con Kiyú viene de lejos, desde aquellos tiempos en que veraneaba en la zona de Ordeig, cuando «había tres ranchos y no había ni árboles». En cuanto a su arte para Kiyú, hay que decir que el artista plástico fue también quien propuso, años atrás, una pintura para el tanque de agua de Kiyú —proyecto que nunca se concretó— y quien tenía «en hojas», el diseño de varias esculturas más para la zona, que aún esperan su oportunidad. Junto a la escultura de El Grillo, el artista también imaginó y propuso que se agregaran unas mesas y asientos para transformar ese lugar en sitio de esparcimiento.

“No es una crítica —aclara Reyes— pero esto debería estar más cuidado por quienes tienen esa responsabilidad”. Hay que decir que el artista no cobra por estos trabajos: los hace como gesto por el lugar y como apuesta al arte. Si bien el municipio aportó los materiales, Reyes siente que se necesitan más voluntades para embellecer y cuidar este espacio común.

Aunque no tiene proyectos concretos en puerta, Carlos Reyes deja claro que ideas no le faltan. “Yo pienso que en la medida en que todos hiciéramos algún aporte, podríamos revalorizar mucho más el lugar”.

En tiempos en que los sitios buscan renovar su identidad sin perder su historia, obras como las de Carlos Reyes son algo más que intervenciones artísticas, dan un valor agregado al balneario: «La belleza de Kiyú ya la tenemos, estas intervenciones son aportes que conviven con el entorno. Y los visitantes se llevan algo más del lugar».