Kiyú reunió a especialistas y vecinos para construir una estrategia de conservación de sus barrancas

La Red Unión de la Costa San José (RUC Costas) impulsó una jornada de intercambio científico y comunitario con el objetivo de generar consensos para la conservación de las barrancas de Kiyú y Arazatí y avanzar hacia una futura declaración de Reserva Natural Departamental.

Fue una jornada de intercambio entre investigadores, organizaciones sociales, vecinos, convocada por la Red Unión de la Costa San José (RUC Costas) junto a Sin Pavimento, Ecos del Río, la Comisión de Fomento de Kiyú y la Comisión de Vecinos de Ordeig, de Arazattí, con el apoyo de la Intendencia de San José y el Municipio de Libertad y también nuestro Portal.

El encuentro, realizado en el Parador Grande de Kiyú, contó con una muy buena convocatoria de público, que acompañó durante algunas horas las exposiciones de especialistas y participó activamente del intercambio de ideas y de las actividades desarrolladas al cierre de la jornada.

Durante la jornada, especialistas de distintas disciplinas compartieron investigaciones, experiencias y propuestas que convergieron en una misma conclusión: las barrancas de Kiyú y Arazatí constituyen un patrimonio natural de enorme valor cuya conservación requiere conocimiento científico, planificación y una fuerte participación de la comunidad.

Un patrimonio que cuenta millones de años

El geólogo Mauricio Faraone abrió la jornada invitando a mirar las barrancas más allá de su atractivo paisajístico. Explicó que constituyen un verdadero patrimonio geológico porque permiten leer millones de años de historia de la Tierra a través de sus estratos y sedimentos, funcionando como un archivo natural que conserva información sobre la evolución del territorio.

Durante su exposición desarrolló el concepto de geodiversidad, entendida como la diversidad de rocas, minerales, fósiles, suelos y formas del relieve, y señaló que esa riqueza constituye el soporte sobre el que luego se desarrolla la biodiversidad. Recordó que los recursos geológicos son irremplazables y que, una vez destruidos, no pueden recuperarse en la escala de tiempo humana.

Faraone destacó el valor científico, educativo, turístico y cultural de las barrancas de Kiyú y Arazatí, recordando que investigadores las estudian desde la época de Charles Darwin y que continúan siendo un sitio de referencia para comprender la evolución geológica del Río de la Plata. También remarcó que la participación de la comunidad es un elemento indispensable para lograr su conservación y puesta en valor.

Los fósiles como parte del patrimonio

Ese valor fue profundizado por el paleontólogo Daniel Perea, quien explicó que las barrancas constituyen uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del Uruguay y han permitido recuperar fósiles de mamíferos que habitaron la región durante el Pleistoceno.

Señaló que esos hallazgos poseen un enorme valor científico, pero también educativo y turístico, como demuestra la cartelería interpretativa instalada en distintos puntos del balneario.

Perea informó además que continúa avanzando el expediente para declarar el yacimiento como Patrimonio Histórico Nacional, iniciativa fortalecida gracias al trabajo conjunto entre investigadores y vecinos de Kiyú.

Durante su intervención explicó que la erosión cumple un doble papel: es el proceso natural que deja al descubierto nuevos fósiles, pero cuando se acelera por acciones humanas puede destruir piezas de enorme valor antes de que sean estudiadas. Por eso sostuvo que el gran desafío consiste en conservar la dinámica natural de las barrancas, evitando intervenciones que incrementen el deterioro del sistema.

Comprender cómo funciona la costa

El doctor César Goso centró su exposición en explicar cómo funcionan las barrancas y las playas como parte de un mismo sistema costero.

Recordó que desde hace años distintos equipos científicos realizan monitoreos periódicos en Kiyú para estudiar la evolución de la playa y el comportamiento de los sedimentos, generando información que permite comprender mejor los cambios que experimenta la costa.

Explicó que estos ambientes son sistemas dinámicos donde interactúan permanentemente el viento, el oleaje, las corrientes, los sedimentos, la vegetación y la actividad humana. En ese sentido, insistió en que cualquier medida de manejo o restauración debe apoyarse en evidencia científica, ya que intervenir sin comprender esos procesos puede producir efectos contrarios a los buscados.

También destacó la importancia de mantener un monitoreo permanente que permita evaluar la evolución de las barrancas y medir el impacto de las futuras acciones de conservación.

La participación ciudadana como herramienta de conservación

El periodista especializado en temas ambientales Víctor Bacchetta propuso mirar la conservación desde la participación ciudadana.

Tomando como ejemplo la experiencia de Punta Ballena, relató cómo vecinos, organizaciones sociales y científicos lograron frenar un megaproyecto inmobiliario que amenazaba un sitio de enorme valor geológico, paisajístico y cultural.

Explicó que aquel proceso no se limitó a la movilización social, sino que también utilizó herramientas de democracia directa previstas por la legislación uruguaya, como la iniciativa popular, demostrando que la ciudadanía organizada puede influir en las decisiones públicas cuando logra construir consensos.

Para Bacchetta, la protección del patrimonio natural no depende únicamente de las normas, sino también de una sociedad informada y comprometida, capaz de transformar el conocimiento científico en participación activa.

Construir conciencia antes del conflicto

Sobre esa misma línea, Álvaro Xavier de Mello invitó a reflexionar sobre la necesidad de construir una cultura de conservación antes de que aparezcan los conflictos ambientales.

Señaló que el marco jurídico es importante, pero que por sí solo no garantiza la protección de los ecosistemas si quienes deben tomar decisiones no cuentan con una verdadera conciencia ambiental. «Lo jurídico es un papel», expresó, al sostener que el verdadero desafío consiste en transformar la manera en que la sociedad y los responsables políticos valoran el patrimonio natural.

Explicó que muchos avances en materia ambiental se producen cuando existe un fuerte vínculo emocional entre las personas y un territorio determinado. Ese sentido de pertenencia, afirmó, hace que la sociedad se movilice y que el costo político de afectar un espacio de alto valor ambiental sea mayor que cualquier beneficio económico que pueda generar un emprendimiento.

También destacó que esa conciencia debe construirse antes de que aparezcan los conflictos, fortaleciendo el conocimiento sobre los ecosistemas y promoviendo la educación ambiental.

En ese sentido remarcó la importancia de elaborar líneas de base científicas que permitan diseñar proyectos de restauración adecuados para cada ambiente, evitando intervenciones bien intencionadas pero incompatibles con el funcionamiento natural del ecosistema.

Como ejemplo, hizo referencia a la restauración de la vegetación costera y señaló que incluso al trabajar con especies nativas es necesario conocer cuáles corresponden realmente a cada región, evitando incorporar plantas propias de otros ambientes del país.

Asimismo, llamó a profundizar el conocimiento sobre la flora de Kiyú, todavía poco estudiada, y destacó la importancia de conservar especies características del bosque costero. También valoró el regreso de diversas aves tras la regulación del uso de fitosanitarios en la zona, como una demostración de que las políticas ambientales sostenidas pueden generar resultados concretos.

Hacia un bosque costero resiliente e inteligente

La jornada concluyó con la exposición del licenciado Inti Carro, quien trasladó el debate hacia posibles acciones concretas para Kiyú.

Uno de los temas centrales fue el manejo del arbolado ubicado sobre el borde de las barrancas, especialmente los eucaliptos de gran porte, cuya caída durante temporales puede acelerar los procesos erosivos y representar riesgos para quienes transitan por la zona.

Carro propuso avanzar hacia un modelo de bosque costero resiliente e inteligente, mediante un manejo planificado del arbolado que combine la conservación del paisaje con la estabilidad de las barrancas. Entre las alternativas planteadas mencionó el retiro gradual de la primera línea de eucaliptos sobre el borde, el manejo del resto del bosque y la incorporación de especies nativas y de hoja caduca dentro de futuros instrumentos de ordenamiento territorial.

También destacó la importancia de recuperar la flora nativa característica de la costa de Kiyú, mencionando especies como espinillos, coronillas y guayabos, y valoró el regreso de diversas especies de aves tras la regulación del uso de fitosanitarios.

Finalizada su exposición, parte de los asistentes descendió a la playa para participar de una actividad práctica de restauración costera.

Previamente, personal del Municipio de Libertad había acondicionado el sector, rellenando el borde de la barranca y aportando las podas que fueron utilizadas durante la intervención.

Junto a Inti Carro y vecinos participantes se realizó la plantación de colas de zorro sobre la parte superior de la barranca, una especie nativa que contribuye a estabilizar el suelo, y se construyó una cerca captora de arena en la playa, una técnica utilizada para retener sedimentos y favorecer la recuperación natural del sistema costero.

La conservación como construcción colectiva

Al cierre de la jornada, Florencia Cesilia, integrante de Sin Pavimento, junto a Camila Cedrés, de Ecos del Río, y compañeras de la Red Unión de la Costa San José (RUC Costas), explicaron que la actividad forma parte del trabajo que las organizaciones vienen impulsando para fortalecer la conservación de la costa del departamento de San José.

Cesilia señaló que el objetivo es seguir promoviendo la participación de vecinos, organizaciones e instituciones para construir consensos en torno a la protección de las barrancas y avanzar hacia herramientas que permitan su conservación.

La jornada contó con el acompañamiento del alcalde del Municipio de Libertad, Matías Santos; la concejala Verónica Britos; la hasta este lunes directora general de la Junta Departamental de San José, Fernanda Castro; el director de Higiene de la Intendencia de San José, Carlos Rodríguez; y Daniela Pérez, en representación del área de Turismo de la Intendencia de San José. También participaron vecinos de Kiyú y representantes de organizaciones de distintos puntos de la costa josefina, entre ellas Arazatí, la Reserva Natural de Penino y otras localidades del departamento.

Más allá de las particularidades de cada exposición, la jornada dejó una idea compartida: proteger las barrancas de Kiyú y Arazatí exige comprender que se trata de un patrimonio geológico, paleontológico, ecológico, paisajístico y social. Su conservación solo será posible mediante el trabajo conjunto entre la comunidad, las organizaciones sociales, la academia y las instituciones públicas.


¿Qué implica la propuesta de declarar una Reserva Natural Departamental?

Desde la Red Unión de la Costa San José (RUC Costas) explicaron que la propuesta de impulsar una Reserva Natural Departamental para las barrancas de Kiyú y Arazatí no busca prohibir actividades ni restringir el acceso de la población a la costa.

El objetivo es crear un marco normativo departamental que permita ordenar el uso del territorio, proteger sus valores naturales, geológicos y paleontológicos y orientar futuras acciones de conservación.

La iniciativa pretende construirse mediante el consenso entre vecinos, organizaciones sociales, especialistas e instituciones públicas, definiendo qué usos son compatibles con la conservación del área y cuáles requieren una regulación específica.

Según señalaron las organizaciones, una declaratoria departamental también podría constituir el primer paso hacia futuras figuras de protección de alcance nacional, fortaleciendo la conservación de uno de los sectores más valiosos de la costa del departamento de San José.